lunes, 6 de marzo de 2017

Desahogo (I)

Estoy a tiempo, puedo borrar esto y no publicarlo. Qué difícil es a veces el sólo hecho de existir, es lo primero que se me ocurre decir para expresar un poco lo que pasa por mi interior desde ayer y desde hace mucho, rato a rato, no a cada segundo, ni cada día, nadie podría vivir así. Escribo con la confianza de que casi nadie me leerá, es aterrador exponer una parte de lo que se lleva dentro a pesar de no dar explicaciones exactas del porqué, y que las certezas estén escondidas en las palabras.

Una sensación de no saber qué hacer, la necesidad de dar vueltas sin rumbo fijo, dolor en la vista, soledad auto impuesta, una especie de carga. No parece haber salida, salvo el tomar pequeñas medidas de índole cotidiano y poco a poco ver todo con más claridad. No sé si tiemblo por el exceso de cafeína o por estar preocupada, o ambas cosas. Decisiones aterradoras que podrían ser liberadoras, dejar atrás lo pesado pero con miedo de la incertidumbre del futuro. Tonterías, puras tonterías. Ya no espero comprensión por parte de casi nadie, para prácticamente toda la humanidad todo es blanco o negro y a los que vivimos en diferentes tonalidades de grises nos acusan de tibios o de cosas peores. Haga lo que haga seré juzgada y no mentiré, duele. Casi nadie escucha, sólo aconsejan, no escuchan porque sólo lo hacen consigo  mismos, no entienden la diferencia del otro.

Escribo porque no sé hablar, no estoy acostumbrada a conversar sobre mi persona y cuando lo hago siento que he dicho incoherencias, sólo escribiendo consigo aclarar mis pensamientos.



lunes, 20 de febrero de 2017

El escultor

Un escultor es elegido para ser el envenenado, viajero hacia un entorno desconocido para nosotros los vivos. Pero en realidad, ¿Deseamos pensar en semejante tragedia?. Como escritores podríamos evitar la existencia de este artista condenado a la fatalidad, sin embargo, nuestro capricho de dejar huella nos lleva a seguir adelante.

Esculpimos a este hombre a nuestra imagen y semejanza o a la del lector, ese ente aún más caprichoso y cruel. De todos modos el escultor cobra vida, su cuerpo y su mente son preparados para recibir el veneno otorgado por su 'padre' o 'madre', pero no se lo dará directamente él o ella, lo que hará será enviar un intermediario a su criatura. No obstante es posible que el escultor logre enterarse del plan trazado por su enemigo y un dilema se forma en su mente: ¿Ser bohemio o soldado?. Transita por los caminos del arte y la guerra. Odia y teme a quien lo creó, no entiende la finalidad de su existencia: ¿Las efímeras alabanzas a su 'padre' o 'madre'?.

Es víctima de la presunción humana, herido, desangrado por la conquista de la originalidad. El escultor clama por rebelión con intensa sed de boicotear la obra de quién lo colocó en las páginas.

La madrugada de un sábado