Abrieron la puerta y ella entró, todas las miradas se colocaron en su persona. Todos iban disfrazados y las mujeres aprovecharon la ocasión para usar ropa muy sexy, tal es el código de las chicas bien adaptadas. La muchacha miró hacía todas partes a fin de comprobar que las miradas eran en realidad para ella y vaya que lo eran. Su disfraz de espantapájaros causó sensación y fue el chisme de la semana. Las invitadas se sintieron muy bellas y normales. Felicidad completa.
El pequeño del museo
Para cierto visitante, lo más inquietante en el Museo era un espantapájaros de diez centímetros hecho de plata. Sólo lo descubrió porque se puso a comprobar si había visto todas las piezas. Vio que tenía en su manito izquierda un tridente, también se fijo en su sonrisa siniestra, y en ese momento, se abrieron las puertas de su incontenible imaginación.
La tiranía de lo nuevo
Luego de comprobar que las costuras se hallaban bien hechas, procedió a reparar las suelas de los zapatos, pero al finalizar, se abrieron nuevamente. Se sentía muy cansada, detestaba el tener que confeccionar un espantapájaros, pero debía presentarlo en el colegio, la nueva profesora quería que los alumnos probaran cosas nuevas. Odiaba a esa mujer que tanto la alejaba de escribir. Basta que algo te apasione para que te lo quieran dosificar, escribió en su diario.
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Estos relatos pertenecen a mi participación en el Reto 5 líneas (Noviembre 2016) del blog de Adella Brac