lunes, 20 de febrero de 2017

El escultor

Un escultor es elegido para ser el envenenado, viajero hacia un entorno desconocido para nosotros los vivos. Pero en realidad, ¿Deseamos pensar en semejante tragedia?. Como escritores podríamos evitar la existencia de este artista condenado a la fatalidad, sin embargo, nuestro capricho de dejar huella nos lleva a seguir adelante.

Esculpimos a este hombre a nuestra imagen y semejanza o a la del lector, ese ente aún más caprichoso y cruel. De todos modos el escultor cobra vida, su cuerpo y su mente son preparados para recibir el veneno otorgado por su 'padre' o 'madre', pero no se lo dará directamente él o ella, lo que hará será enviar un intermediario a su criatura. No obstante es posible que el escultor logre enterarse del plan trazado por su enemigo y un dilema se forma en su mente: ¿Ser bohemio o soldado?. Transita por los caminos del arte y la guerra. Odia y teme a quien lo creó, no entiende la finalidad de su existencia: ¿Las efímeras alabanzas a su 'padre' o 'madre'?.

Es víctima de la presunción humana, herido, desangrado por la conquista de la originalidad. El escultor clama por rebelión con intensa sed de boicotear la obra de quién lo colocó en las páginas.

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