miércoles, 7 de diciembre de 2016

En la servilleta (II)

Sol

Durante el día me siento segura, soy fuerte. Es el señorío del orden, de lo que es correcto. Las certezas se hallan firmes. Es cuando estoy limpia y mis acciones pueden fluir en pureza. El sol es la ausencia de lo desconocido, el que le gana la guerra al caos.

El sol se lleva mis miedos.

Una Avenida y el tiempo

En una misma avenida se concentran hechos durante años y se esconde el secreto del futuro. Hoy después de mucho tiempo pasé cerca de la Avenida por la cual trabajaba hace diez años. Tarde soleada, la cual parece una muestra leve del pasado, es decir, el pasado en forma tangible y no un simple recuerdo. Ahora, vivo un poco cerca de ese lugar. Ir y venir. Pasado y presente.

Y por esa ruta, en un pasado más lejano, me llevaban al nido(*). Yo no pensaba mucho en el futuro, el año 2000 me parecía algo muy lejano y hoy luce como una era antigua.

Esa Avenida es un punto de unión, un camino del tiempo, los días, meses y años se concentran en ella. Parece un lugar simbólico, pero es real. Si digo su nombre sabrían donde vivo y no quiero que lo sepan.

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Dieciséis. Sí, hoy es dieciséis. Han pasado dieciséis días y sigo escribiendo. Improviso, casi no planifico, el café es mi combustible, poseo diversas musas, escribo y casi no deseo hacer otra cosa. Derrocho tinta y hojas de papel, pero no me importa. Me acostumbré tanto a mi rincón improvisado, que me resulta muy difícil escribir en otro lugar, en especial si es cómodo.

Además, no puedo escribir en cualquier libreta, sólo un modelo me inspira para escribir y debe ser pequeña, no me gustan los cuadernos grandes, ya que no puedo llevar uno de estos a cualquier parte.
Hoy escribo con tinta negra, pero me desagrada. Prefiero la de color azul o rosado.

Aprendizaje

Aprender es un tedio. Ensayo, error. Ensayo y aburrimiento. Error e ira. La meta es lejana, otros corren y lo hacen con excelencia, yo me quedo atrás y me equivoco. Mi carácter no mejora, en cambio mi enojo se acrecienta. Aprender es sufrir. Ya no veo la meta.

Perfección, no la hallo. Quiero dejar de aprender, me sabe a amargura. Sólo sirvo para sentir el mundo. No veo las virtudes del aprendizaje.

Un puñetazo al error.
Un puñetazo a la perfección.

Tal vez, mi verdadero aprendizaje consista en canalizar mi enojo. Pero cómo, si el 99.9% de todo lo existente, o mejor dicho, de las costumbres y expectativas humanas me resultan irritantes.

Voy a aprender a mi manera, sólo así lo logro. Los métodos convencionales me saben a esclavitud.

***
Notas finales:

1.- Cosas que escribí en Noviembre.

2.- Nido(*): Aquí en Perú le solemos denominar "nido" al jardín de niños.

2 comentarios:

  1. Quién lo diría, a mí me encanta aprender, aunque no niego que tiene sus momentos de frustración y angustia, cuando te dan ganas de mandar todo al diablo.

    Por cierto, te nominé a un premio ;)
    https://primeranaturaleza.blogspot.com.ar/2016/12/liebster-award-iii.html

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  2. Gracias Denise :) Voy a ver lo del premio, tengo mucha curiosidad!

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La mujer observada