martes, 27 de diciembre de 2016

Un día literario

Al otro lado del mundo, al sur, más allá del Ecuador, nos encontramos en verano, nuestra navidad no es blanca, por el contrario, es soleada. Pero no es de la navidad acerca de lo que escribiré en esta tarde, sólo lo mencioné a modo de contexto. Un día literario en verano, ese es mi tema para hoy. Otro detalle, mientras escribo estas líneas estoy escuchando "Muerte y transfiguración" de Richard Strauss, elegí esta pieza porque Clarice Lispector la mencionó al inicio de su novela "La hora de la estrella", además, me he aburrido de la música que venía escuchando en ocasiones anteriores mientras publicaba otras entradas en este espacio.

Mi día literario lo inicié leyendo "El idiota" de Dostoievski, luego de leer dos capítulos, leí algunas páginas de la introducción, un estudio acerca del autor y se mencionaron aspectos tanto de él como de su obra que hacen que me parezca más interesante. Él leyó varios libros de la Biblia en forma profunda, como el libro de Job y el evangelio según Juan, de ahí se entiende que en su obra hayan referencias a Cristo, en el caso de este libro en concreto, se dan mencionando pinturas: Una hallada en casa de uno de los personajes, es una pieza muy distinta, un Cristo muy diferente a los de otras pinturas, ya que este refleja un dolor profundo en su rostro al ser bajado de la cruz, la realidad de la muerte y el dolor, la naturaleza como algo imponente y hasta amenazante. En cuanto a la otra pintura, uno de los personajes femeninos imagina un tipo de cuadro que pintaría de Cristo, un niño sería colocado a su lado. Y el propio protagonista, representa en gran medida el ideal cristiano.

Dostoievski tenía cuadernos donde anotaba todo aquello relacionado con la obra en la cual estuviese trabajando, sus esquemas para los personajes. Basta con leer directamente un libro suyo para descubrir a un hombre con una visión amplia de la vida, libre de cualquier moralismo y sin caer en el cinismo. Todo aquel que escribe, sea cual sea el género al cual se dedique, debería leer a este grande, profundizar durante un año o más en una sola de sus novelas, hay demasiado que aprender de Dostoievski.

La noche anterior, leí un pasaje en este mismo libro, en el cual el autor, reflexiona sobre el ansía de casi toda la humanidad por alcanzar la originalidad, lo dice de un modo tal que te quedas pensando y en mi caso, releyendo el pasaje una y otra vez,  ¿No seremos patéticos al soñar con grandes glorias? No creo que esté en contra de la originalidad en si misma, ya que esta debe ser una consecuencia de aquello que se haga por una vocación profunda, sin colocar en primer lugar un afán de reconocimiento.

Terminó la pieza de Strauss y ahora escucho a Rachmaninov: "La isla de los muertos".

Más tarde, me he puesto a escribir en mi libreta lo mencionado líneas arriba sobre "El idiota", además, de un pequeño ejercicio de ficción: Dos lectoras de Dostoievski, una leyó al culpable (Crimen y Castigo) y la otra sobre el inocente (El idiota). (Algún día deberé leer "Crimen y Castigo")

Eso no es todo, también fui a ver una exposición en la Casa de la Literatura Peruana, es sobre la poeta peruana Blanca Varela, se pueden leer varios de sus poemas, conocer aspectos de su vida, fotografías en sus diferentes etapas de vida. Ideas, palabras y sensaciones, estos tres se han grabado en mi memoria, son los materiales indispensables para escribir poesía. Conocer a Blanca Varela, aunque sea sólo a través de una exposición, es desear atreverse a crear poemas, adentrarse en el propio corazón, aprender a conocerme mejor a mi misma. Imaginé algo que no puedo contar, pensé en el silencio, pero no recuerdo bien qué exactamente. París, ella vivió ahí, ese lugar tan idóneo para escribir, y en esa parte del mundo escribió sobre el Perú (en poesía), un modo de encontrarse a si misma, reconocer su identidad. Leyó sin complejos a Simone de Beauvoir, sin llegar a etiquetarse como feminista. (Alguna vez deberé escribir sobre mi relación de antipatía-admiración con Simone de Beauvoir). Cuando llegue el momento, Blanca Varela y yo, nos encontraremos a través de algún libro suyo.

Leí con atención un breve escrito de Carmen Ollé, en varios lugares del mundo en los cuales estuvo deseaba hallar un trocito del Perú, creía encontrarlo (si mal no recuerdo). El contenido y la manera en que lo escribió llamaron mucho mi atención, un pequeño diario de viaje, en tan pocas líneas decía tanto y hasta era posible imaginar cada lugar mencionado.

Mujeres que conocieron una Lima que yo no he podido ver con mis propios ojos, debo conformarme con videos de youtube, blogs y páginas web.

Al final, el correspondiente retorno al hogar, ya no hay sol y hasta hace un poco de frío, escribir en este blog esta entrada no planeada, sino producto de un arrebato, imposible no escribir sobre un día tan literario.

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